Me vigilan, ¡Por lo tanto, existo!

Viviendo en una Sociedad de Vigilancia Masiva

Enrique Quintero

Voyerismo Vigilante y Sincronizado

Por extraño que parezca, pero por fines prácticos podría argumentarse que en el capitalismo contemporáneo solo existimos como datos.  Actualmente parece que todos nosotros hemos sido transmutados y convertidos en seres digitales mercantilizados. Por supuesto, nuestra corporeidad mantiene su materialidad de carne y hueso y continuamos comprando y trabajado; amando a nuestros seres queridos y despreciando a nuestros enemigos y; a medida que envejecemos, aprendemos a realizar minuciosos seguimientos de nuestros dolores y achaques a pesar de la limitada o inexistente cobertura de salud.

Sí, ontológicamente podemos afirmar que existimos, y confirmar nuestra existencia real como especies.  No obstante, la gran mayoría de nuestras experiencias en la vida diaria, tanto en el trabajo como en el hogar, están siendo monitoreadas, tabuladas, organizadas, cuantificadas, procesadas y manipuladas por el gobierno o por organizaciones privadas. En conjunto, estas instituciones practican un voyerismo vigilante y sincronizado, monitoreando nuestro comportamiento y moldeando nuestras experiencias políticas, económicas e ideológicas en el mundo. Es así como existimos para el sistema, y es así como el sistema puede continuar existiendo.

Dada la actual naturaleza de la sociedad de vigilancia, no existe un santuario sagrado único al interior del tabernáculo desde donde opera la vigilancia pública. Este punto se ilustra por el hecho de que solo en términos de la comunidad de inteligencia nacional tenemos diecisiete agencias distintas. A riesgo de aburrir a algunos lectores, procederé a enumerarlas en su totalidad ya que es probable es que algunos estadounidenses pueden estar familiarizados con sólo lastres grandes: la CIA, el FBI y la NSA. Existe menos conocimiento  entre público sobre: ​​la Oficina del Director de Inteligencia Nacional, la Agencia de Inteligencia y Defensa   DIA, la  Oficina de Inteligencia e investigación del Departamento de Estado,, el Departamento de Seguridad Nacional, la Administración de Control de Drogas – Oficina Nacional de Seguridad e Inteligencia, el Departamento del Tesoro – Oficina de Inteligencia y Análisis, el Departamento de Energía – Oficina de Inteligencia y Contrainteligencia , la agencia Nacional de Inteligencia  Geoespacial GEOINT, la Oficina Nacional de Reconocimiento NRO, la Inteligencia de  Vigilancia y Reconocimiento de la Fuerza Aérea, la agencia de Inteligencia  Ejército Militar, la Oficina de Inteligencia Naval, la Inteligencia del Cuerpo de Marines, y la agencia de inteligencia de Guardia Costera.

De acuerdo con Los Ángeles Times (17 de enero de 2017) el presupuesto total combinado para estas agencias fue de $ 66.8 mil millones de dólares en 2015. A esta larga lista debemos agregar más de 200 dependencias de inteligencia de las dependencias policiales agrupadas en la Unidad de Inteligencia de Aplicación de la Ley (LEIU). Debe añadirse que la vigilancia en manos de los organismos públicos no es la única forma de vigilancia; además debemos incluir también la vigilancia en manos de las múltiples organizaciones comerciales con intereses en tecnologías de información con capacidad de archivar amplios registros de nuestra rutina y vida cotidiana. Nos referimos a corporaciones como Google, Yahoo, Microsoft, Apple, Amazon, Facebook, etc. La última investigación del Congreso relacionada con el uso de datos de Facebook por Cambridge Analítica corrobora este argumento.

Un extenso artículo de James Vlahos publicado en Popular Mechanics, sobre la actual capacidad de la industria de la vigilancia concluye lo siguiente:

“hemos llegado a un momento único en la historia de la vigilancia […] Avances e n la potencia de procesamiento y de software están empezando a permitir que los ordenadores puedan superar la mayor limitación de la vigilancia tradicional – la capacidad de los ojos para observar efectivamente la actividad en docenas de pantallas de video al mismo tiempo “.

Esta es una tarea impresionante, particularmente si consideramos la declaración de Vlahos en el mismo artículo, de que se estima existen” 30 millones de cámaras de vigilancia desplegadas en los Estados Unidos que filman cuatro mil millones de horas a la semana”. (Popular Mechanics tiene una circulación de 1,291,094 lectores por mes!)

No obstante, si sincronizamos Este ‘Panóptico Ojo-Social’ con otros equipos de vigilancia electrónica en manos de las organizaciones privadas o públicas y lo sumamos a los registros y datos mantenidos sistemáticamente por las corporaciones multimedia; no es difícil concluir que todos nosotros estamos siendo vigilados y monitoreados 24 horas al día, 7 días a la semana, sin interrupción. La vigilancia ocurre prácticamente en todas partes, casi todo el tiempo. Si usted mira a su alrededor, lo más probable es que cuando usted tomó esta inocua publicación, o mientras está leyendo estas líneas, usted está bajo la mirada de una aberración contemporánea de ‘cámara indiscreta’.

¡Adieu Michel Foucault! (hasta cierto punto)

Fue el filósofo francés Michel Foucault (1926 – 1984) quien señaló que las sociedades contemporáneas necesitan individuos dóciles -o “ cuerpos dóciles “ como los llamó Foucault- para mantener el funcionamiento de las instituciones políticas, económicas, ideológicas y militares que reproducen el sistema. Foucault pensó que lo que hace posible la construcción de individuos sumisos es una serie de instituciones disciplinarias en la sociedad (localizadas en sitios de trabajo, instituciones educativas, instituciones militares, instituciones religiosas, etc.) capaces de observar constantemente a sus miembros y mantener rigurosos registros de sus movimientos. Mediante el uso de estas técnicas disciplinarias, las personas a su vez, internalizan el comportamiento obediente deseado y se regulan a sí mismos sin mucha necesidad de recurrir al uso de la fuerza. El modelo disciplinario para este tipo de sociedad se basa en el concepto de panóptico de Jeremy Bentham (1748-1832), una estructura arquitectónica diseñada para hacer de la observación una práctica continuada sin que esta sea evidente para la persona observada

Foucault escribió sus consideraciones pioneras en un libro titulado Crimen y castigo: El nacimiento de la prisión, publicado por primera vez en 1975. Aunque los principios generales del libro de Foucault siguen siendo convincentes, los avances actuales en la tecnología de la computación y la comunicación (es decir, Internet y teléfonos móviles por mencionar solo un par) han provocado una revisión o una actualización en lo que ahora se conoce como teoría de la vigilancia. Estas nuevas consideraciones tienen que ver con los modos y formas de relación establecidas entre, por un lado, las instituciones que llevan a cabo el mantenimiento y las observaciones de registro de datos, como Google, Facebook, Amazon, etc.; y en el otro extremo, las personas observadas quienes, irónicamente, parecen compartir voluntariamente información sobre si mismos.

Los psicólogos británicos Darren Ellis, Dave Harper & Ian Tucker, quienes han investigado las implicaciones sociales y sicológicas de la vigilancia (véase The Psychologist, vol. 29 no. 9 de septiembre de 2016) definen la vigilancia actual como “una compleja red de elementos heterogéneos pero interconectados, incluidas personas, tecnología, instituciones  la vigilancia no es vista como una entidad estable, sino como algo múltiple, relacional y cambiante a lo largo del tiempo “. Estos autores observan cómo:

“En los sitios de redes sociales como Facebook, las personas divulgan todo tipo de datos personales, fotos de si mismos y su familia, actualizaciones sobre su ubicación, información sobre su comportamiento y actividad. Todos estos datos son potencialmente visibles para otros, mientras que las personas pueden estar al tanto de los problemas de privacidad en términos de lo que otros usuarios de Facebook puedan ver de sus datos, a menudo no son tan conscientes de cómo Facebook recopila y almacena información sobre sus usuarios. “

La conexión de Cambridge Analítica con Facebook nuevamente viene a la mente.

Nosotros los Dóciles, Nosotros los Vigilantes

Los altos niveles de aceptación entre los estadounidenses con respecto a la vigilancia (Véase A Social History of Wiretaps de David Price en este número) requiere una explicación que explore la nueva tecnología y sus implicaciones sociales no solo como exclusivamente gobernadas por el papel disciplinario del estado y sus instituciones, pero también como una condición que, hasta cierto punto, tiene su propia lógica o programa de conducta. Como se sugiere en los párrafos anteriores, la vigilancia es una calle de doble sentido. No es solo el estado y las grandes corporaciones comerciales los que cosechan los datos y procesan la información. Dadas las capacidades de vigilancia integradas a la nueva tecnología disponible, también nosotros nos hemos convertido en observadores de otros. Ahora somos al mismo tiempo sujetos y objetos de vigilancia.

Con esto en mente, podemos examinar, por ejemplo, cómo en el contexto cultural actual, la construcción del Yo (o del sujeto individual) se hace principalmente en forma digital. En otras palabras, construimos un Yo para ser mostrado en pantalla a los demás. Es decir, en Facebook, o en las plataformas de múltiples organizaciones profesionales o semi -profesionales que exhiben nuestras notas bibliográficas o atributos profesionales independientemente de que estos sean reales, imaginarios o artificiosamente mejorados. En este sentido, un factor a tener en cuenta, es la actual posibilidad histórica sin precedentes de poder adquirir equipo de vigilancia para nuestro propio uso con el fin de monitorear las personas y bienes. En otras palabras, la vigilancia se ha convertido en muchos niveles en otro producto básico en el mercado. Estos dos factores, la construcción digitalizada del YO, y la mercantilización de tecnologías de vigilancia — en mi opinión— median la frustración y las contradicciones que existen entre el sujeto y el estado, entre nuestro deseo de libertades civiles y nuestro deseo de seguridad, ya que al menos parcialmente somos cómplices de la narrativa de la vigilancia.

Hemos dejado de ser simplemente los cuerpos dóciles de Foucault que aceptan el guion de disciplina escrita por el Estado y sus instituciones, para convertirnos dóciles vigilantes que se inclinan ante mismo viejo guion. La única diferencia es que ahora estamos autorizados a agregar algunas historias irrelevantes a la narrativa de vigilancia. Por supuesto, no debemos perder la pista de la magnitud de la vigilancia emprendida por las organizaciones estatales y comerciales, que no tienen rival cuando las comparamos a nuestras minúsculas capacidades panópticas. No obstante, parece que ahora estamos mucho más predispuestos, o somos mas susceptibles a tolerar la vigilancia panóptica sobre nosotros, porque al mismo tiempo, podemos practicarla en pequeñas dosis sobre otros.

Ni el Abaco ni La Paloma Mensajera 

La relación entre los usos de la vigilancia por parte de las instituciones estatales o corporativas, versus nuestros derechos a la privacidad, libertad y seguridad, no es un problema fácil de resolver. Tiene que ver con la lógica que anima la integración de la ciencia y la tecnología en las sociedades capitalistas. Esta lógica puede resumirse generalmente de la siguientes manera, la cual se basa  libremente en la teoría de Marx sobre la integración de la ciencia y la tecnología en la sociedad : 1) los avances tecnológicos están estrechamente relacionados con las necesidades de la expansión capitalista;  2) la alienación del trabajador general o ciudadano aumenta con la complejidad de la tecnología en cuestión;  3) el nuevo avance tecnológico podría utilizarse para mejorar las condiciones sociales o para beneficiar a quienes controlan su uso;  4) los que actualmente controlan el uso de la tecnología generalmente se oponen a la posibilidad de una organización  social diferente ;  5) existe la posibilidad de que entre las personas, los niveles de “sonambulismo en la sociedad de vigilancia” sean  lo suficientemente altos como para hacer que les sea imposible concebir, o imaginar oposición política, o una realidad social diferente; 6) solo en el caso de que rompamos este déficit de imaginación política, la tecnología podrá subordinarse a la liberación humana.

No hay vuelta atrás a un pasado idealizado. Los avances tecnológicos no escuchan las lamentaciones de los ludditas. Ni tampoco el ábaco, ni la paloma mensajera pueden esperar un renacimiento histórico. (Aunque plagado de errores gramaticales, incluso nuestro no demasiado ilustrado presidente usa Twitter) La ironía final de la sociedad de vigilancia es que, a pesar del poder de sus capacidades de panóptico, parece ciega cuando se trata de notar la pobreza, la desigualdad y otras formas de sufrimiento humano.

Enrique Quintero es miembro del Comité de Publicaciones de Works in Progress

 

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